Cuando Anne Robson se mudo de Newark, Ohio hacia la calurosa ciudad de Bullhead City en el estado de Arizona tenia 19 años y sus expectativas de vida seguían siendo básicamente las mismas. Su padre Anthony Robson, un reconocido antropólogo en el estado de Ohio necesitaba un cambio de aire y de ideas. Virginia Maelberry, su madre una farmacéutica y estudiosa de las propiedades de las hierbas medicinales apoyaba la causa.
Los Robson no eran una familia numerosa y tampoco sociable, la relación con la gente del pueblo de Newark no era muy buena y tampoco la familia era muy bien vista porque estos no cumplían con los códigos socioculturales y eran sancionados.
Un frío 17 de enero de 1960 la familia emprende el viaje hacia Bullhead City en una vieja pero bien cuidada Band del año 47, juntos con ellos tres viajaba Mick Gallager un fracasado estudiante de derecho de la universidad de Iowa que se iría a vivir con ellos un tiempo hasta posicionarse bien económicamente. Él era la única persona de confianza de la familia que estuvo viviendo con ellos desde la primavera del 58 cuando sus padres murieron al derrumbarse un edificio y quedar atrapados bajo escombros.



Bullhead City, Arizona.

19 de enero. La casa que Anthony, el padre de Anne, había escogido para vivir era una hermosa escultura del siglo pasado por la cual pago una considerable suma de dinero después de años de ahorro, él mismo había hecho construir una sala de ensayo donde probarían y analizarían sustancias naturales con su esposa.
La casa era amplia y cómoda, las cosas cabían tranquilamente dentro de esta y hasta quedaban lugares por rellenar. Los padres de Anne tenían una habitación, ella otra y Mick la suya, el cual no se emocionó mucho al verla ya que sabia que pronto iba a dejar de serla porque allí no podría vivir toda la vida.
Esa misma mañana, comenzaron a acomodar cosas que habían traído en la Band y después de almorzar comida china que encargaron del restaurant de la cuadra aledaña, las cosas que traía el servicio de mudanza. Mientras escuchaban foxy lady y fumaban marihuana traída de Ohio, la cual fue siempre legal en la familia y a la que Anne accedió por primera vez a la edad de 16 años, lo hacían lentamente e imaginaban como podían ambientar cada habitación más adelante.

Pasaron seis meses desde la mudanza y la familia ya parecía acostumbrada al estilo de vida de la nueva ciudad, el padre de Anne enseñaba en algunas facultades privadas de la zona, su madre se quedaba en casa, Mick trabajaba en la construcción de un edificio importante y ella tomaba clases de idioma.
En sus ratos libres los padres de Anne se la pasaban encerrados en la sala de ensayos, buscando en interminables mixes una sustancia que conjuntamente con la marihuana produjera efectos y cambios positivos en las personas. Probaban con todo lo que había a sus alcances, mezclaban el tetrahidrocannabinol con verduras y otras plantas de poder curativo pero nada daba mucho resultado más que algunas alucinaciones y efectos narcóticos. Virginia, la madre, decía siempre en sus charlas habituales que la marihuana, si se descubren algunas fórmulas para esto, podría llegar a curar hasta enfermedades como el sida o la lepra.

La ciudad de Bullhead City limita con el estado de California al oeste y se encuentra a unos 200 km del Gran Cañon. A pesar del paisaje desértico de la zona, la familia Robson se sentía muy cómoda y constantemente en sus charlas matinales resaltaban la libertad que tiene la gente de pensar y hacer lo que sus ganas demande.

Anne conoció a John una tarde otoñal cuando el sol comenzaba a caer a orillas del Lake Havasu y ella se encontraba de picnic con unas amigas que había conocido en la ciudad. Estaba ella tomando un poco de coñac cuando el joven se acercó.
Hola. ¿Puedo hacerte compañía un rato?
Sorprendida ella con el acercamiento del muchacho, ya que desde la secundaria cuando tuvo un pequeño romance con un estudiante de su misma clase, había perdido relación alguna con “esa especie” como llamaba ella a los hombres.
Si, respondió. Si es que te gusta guardar silencio!
El se acomodó un tanto alejado de ella y tomo la botella que le paso. Bebieron el licor un rato largo, y más tarde ella rompió el silencio:
¿Qué trae a una persona tan bella como tu a sentarse al lado de una antisocial y aburrida como yo?- dijo Anne, tal ves buscando una explicación al problema que acarreó consigo toda la vida.
Es que te estuve observando y no pareces una persona tan superficial como mis amigos –exclamó el joven-. Hace días que hablamos de las mismas cosas y creo que el guardar silencio es mejor que estar con ellos.
Jaja, ¿así lo crees? ¿Cómo te llamas?
John. John Fernandez. ¿tu?
Anne Robson.
Es un gusto conocerte –exclamó el joven.
La conversación duró toda la noche y los dos hablaron de muchas cosas; de temores y frustraciones, de problemas familiares y sociales.
A la mañana siguiente intercambiaron direcciones y números telefónicos. Luego ella emprendió con sus amigas el viaje de retorno hacia Bullhead City y el se dirigió a despedirse de sus tíos para, más tarde, regresar a Puerto Peñasco, México.
Entre los dos había surgido una química impensada para uno y otro, pero ni ella ni el se atrevieron a ir un poquito más allá.
- Ni siquiera un beso- exclamó ella, cuando le contaba lo sucedido a sus amigas.

Al llegar a su casa, Anne les contó lo sucedido a sus padres ese día-noche en Lake Havasu, todo parecía perfecto para ella y para sus padres también.
Me alegro que hayas aclarado muchas de tus dudas- Exclamó el señor Anthony. Tu madre también está muy contenta porque descubrió una fórmula que hace a la marihuana más rica que un pastel.
Que bueno-. Dijo ella exaltada. Quiero probarla padre.
Todavía no. No sabemos los efectos que produce esta a largo plazo.
La semana había transcurrido con tranquilidad, pero la señora Virginia no había notado ningún cambio en su marido que fumaba constantemente la nueva marihuana, la más dulce y esponjosa de todas, como lo había descrito ella. Esta nueva clase de marihuana era el resultado de la mezcla de cannabis sativa con un hongo traído de Panamá, el cual se secaba al sol y luego se fraccionaba en pequeñas partículas que mas tarde eran depositadas en un tubo de madera de metro y medio, el cual era introducido en un poso de unos dos metros que contenía más de esas partículas de hongos en el.
Esa misma semana Mick abandonó la casa de los Robson y se mudó con su novia a un modesto departamento de la calle Sant Marcus, el había conseguido un mejor puesto trabajando en la construcción y podía afrontar los gastos de una vida independiente.

Una noche de septiembre el señor Robson y su esposa asistieron a una cena en la cual premiaban a los grandes antropólogos de Estados Unidos en Washington D.C.
Anne invitó a su amiga Sully para que la acompañara en esos solitarios días, y juntas fueron hacia el supermarket a comprar provisiones; verduras y bebidas alcohólicas.
Sully, una bebedora como pocas en todo Bullhead City sugirió Ron cubano, Whisky y mucha cerveza. Ella era una muchacha de 23 años estudiante de abogacía y muy bien posicionada económicamente.
Esa noche después de haber bebido bastante whisky Anne propuso fumar la nueva marihuana de la madre, Sully no se negó y lo hicieron.
Ninguna de las dos podría imaginarse tal momento. La ingesta de alcohol y la nueva marihuana produjeron efectos impensados en las dos.
Anne imaginaba un lugar con señores feudales y artesanos.
Señor, no he terminado aún con mi tarea. –Exclamaba ella-.
Tiempo es ya que dejes la culta Europa y dirijas vuelo a donde Colón abrió un azul cielo.
Ho libertad! Yo puedo alzar la frente y bendecirte al son de mi laúd.
Tú y otros de tu talla partirán mañana con el canto de los gallos.
Hacia allá partiré su majestad.
Sully imaginaba que era parte de un reloj. Ella era una aguja (el minutero).
Giraba y giraba alrededor de las cosas y se ponía más desesperada a cada minuto que pasaba, como si se le estuviera yendo toda la vida en un par de minutos y ella no lo supiera aprovechar.
Giraban y discutían, cada una en su mundo y con su historia.
A la noche siguiente se despertaron, el efecto de esa marihuana les duró más de un día.
- No lo puedo creer! Decía Anne.
- Si. Esa marihuana es muy potente, me quedaría a vivir acá; es buenísimo! –Exclamaba Sully-.

Esa noche comieron hamburguesas, tomaron un poco de cerveza y se acostaron. En el medio de la noche Anne, se levanta a tomar un poco de agua y siente la necesidad de probar nuevamente la marihuana de su madre. Sigilosamente se dirige hacia la sala de ensayo. Toma un puñado de le hierba y se arma un cigarro de dimensiones considerables.
Anne notó un cambio al cubo en su cuerpo y mente. Ahora se sentía una chica delgada y dentro de su cabeza sentía frescura.
Esa noche leyó tres libros y había almacenado una cantidad de páginas enteras en su mente, que resultaba extraña esa capacidad. Hasta la misma Anne se vio sorprendida.

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