Perdida estuvo mi pluma,
en un cajón encerrada
con las llaves del silencio
muda, huérfana de palabras.
Primavera que escribió,
versos al nacer el alba,
se quedó sin tinta su pluma
y caminaba callada.
Fueron naciéndole rosas
y espinas a la mañana,
paseó por las verde hierba
y por los cardos cansada.
El jardín tornó su verde
por el oro y por la plata
y llovieron hojas secas
que me quemaron el alma.
El frío sentí del viento
en mis hueso y en mis años
y al viejo cajón volví
nunca yo pude olvidarlo.
En él hallé el corazón
que un día había perdido
pues sin mi pluma yo fui
un ave errante, sin nido.
él hallé el corazón
que un día había perdido,
pues sin mi pluma yo fuí
un ave errante, sin nido.
Yella se posó en mis manos
como una blanca paloma
que va entrelazando estelas
de palabras y de estrofas.
Se fundió ella a mi sangre,
a mi cuerpo, fue mi sombra
y miró por mis entrañas
los secretos de mi alcoba.
Recorrió las esquinas

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