Julián y Nico eran amigos de toda la vida, o sea, desde hacía 8 años. Todo lo hacían juntos: iban al colegio, hacían la tarea, iban a la plaza o a pasear en bici. Pero lo que más disfrutaban era leer juntos revistas de historietas.
Los superhéroes los tenían ocupados todo el tiempo, incluso cuando hacían otra cosa: en los recreos de la escuela corrían como el Hombre Rayo; cuando se hamacaban volaban como Superman; cuando iban en bici pedaleaban rápido y se imaginaban en el Batimóvil.
Una tarde de lluvia, uno de los dos (nunca sabían a quién de los dos se le ocurrían las cosas) de repente gritó: “¿¡Por qué no inventamos nuestro propio héroe y hacemos nuestra historieta?!”. Y como Julián dibujaba bastante bien y Nico era bueno contando historias, al otro (no se sabe a cuál) le pareció una idea brillante.
Tirados en la alfombra empezaron a imaginar al superhéroe ideal.
“Tiene que tener fuerza” “Tiene que ser inteligente” “Y ver a través de las paredes” “Y volar” “Y ser valiente” “Y saltar y correr más alto y más rápido que cualquiera...”.
Se quedaron un rato en silencio, escuchando sólo la lluvia contra la ventana, hasta que uno de los dos (no se sabe cuál) dijo: “Pero ya hay superhéroes que hacen todo eso... el nuestro tiene que ser distinto”.
Nico se acordó de su hermanito que recién empezaba a caminar. “¿Y si nuestro personaje es un bebé?”. “¿Y qué poderes puede tener un bebé?” preguntó Julián. “Intentá un día cambiarle los pañales y vas a ver... ¡el olor de un pañal sucio te mata más rápido que un rayo láser!”. Imaginaron a un bebé tirando un pañal sucio y se empezaron a revolcar de la risa.
Julián se puso serio. “Todos los superhéroes son buenos. ¿Y si el nuestro es malo?”. “Entonces no sería el héroe, sería el villano”, dijo Nico con mucha lógica. “Pero puede ser un malo bueno... como una mamá cuando se enoja...”. A Julián se le iluminaron los ojos: “¡Como la seño Claudia cuando hacemos lío!” “¡¡¡Siiiií, se convierte en el monstruo!!!” “Entonces la historieta tiene una heroína, una mujer, de esas hay menos” “Sí, y es maestra” “Claro, es buena hasta que...” “Hasta que se enoja y... ¿y qué hace cuando se enoja?”.