Prólogo
Por el Profesor y escritor rosarino Raúl Alberto Rossi.

El prólogo para un libro es una tarea delicada: debe serlo. Es preciso alejarse de la vivisección minuciosa, que pretende investigar la anatomía de su hechura, y situarse ante la obra para captar, en una única aprehensión, su fisonomía, su aroma, su verbo y su espíritu. Intentaré que ésa sea mi forma frente a “Perfiles y Roles femeninos”, de Carmiña Candido Daverio.
Lo primero que ha llamado mi atención es el original fuga de títulos, bien preteridos por la autora, tal vez por obvios, innecesarios y, a veces, absurdos. Simultáneamente, palpando su estilo con mi roma facultad para hacerlo y apartándome un tanto de los análisis de moda, se me ocurrió opinar que su ascendencia literaria hay que buscarla más en la inquietud intelectual del barroco conceptista –a la manera de Sor Juana Inés- que en la serenidad mórbida del clasicismo plácido. En una de las fachadas de su actitud moral, sus versos intimistas, habita la honestidad del recato, que sabe todavía de pudor y de los códigos castos.
En cuanto a los perfiles tangibles, con cierto desasimiento de las normas ortodoxas en algunos tramos la poetisa “se pone cómoda de versos”, y éstos adoptan el diseño de las actuales ropas de calle, vistosas y prácticas, antes que lujosas y elegantes. No obstante, en otras zonas de su trabajo que son como flashes suntuosos, su poema se viste con la gala del soneto; no desdeña tampoco la mantilla bien española de la seguidilla ni el jubón secular del romance. Y por ahí, aparece también la académica y pulcra sextina, junto al redoblante de la espinela y al itálico son de la lira.
Pero, es procedente decirlo y aceptarlo, Carmiña necesita en ciertas ocasiones de la libertad del verso ácrata, para que el trallazo de la idea fuerte restalle en toda su longitud en los temas que provocan su indignación o su perplejidad.
El poemario de Carmiña Candido Daverio tiene sabor de poesía madura y equilibrada, con efusiones sentimentales ennoblecidas por la mesura; matizada con una exposición de opiniones serias y responsables; adornada por asomos de lirismo fecundado en la belleza y la cadencia. Asimismo, impactan algunos golpes de efecto precisos, contundentes, de una fuerza controlada por el buen gusto.
Transcribiré, como epílogo para este proemio, una seguidilla podada de uno de los poemas del libro, que huele y sabe a poma aromática, suculenta y sabia; sus versos, a pesar de sus sencillez, parecen retumbar entre los muros de un templo, como una exhortación episcopal.