El escritor Francisco Ayala ha fallecido a los 103 años en su domicilio de Madrid, tras "un debilitamiento" de sus facultades físicas, que se había ido acentuando en las últimas semanas, según ha informado el presidente de la Fundación Ayala, Rafael Juárez.
Los restos mortales de Ayala, uno de los grandes escritores españoles del siglo XX, han sido trasladados al tanatorio del Parque de San Isidro, en Madrid, donde ha quedado instalada la capilla ardiente. Sus restos mortales serán incinerados este miércoles en una ceremonia privada.
Cien años le dieron para mucho. Sobre todo para quien los vivió, como Francisco Ayala, con la coherencia y plenitud, dedicado siempre al ejercicio de la actividad intelectual y la escritura.
Con su muerte se va el testigo privilegiado de todo un siglo, un superviviente centenario de la generación del 27 y una mente lúcida y crítica que plasmó en sus más de sus 50 libros su visión de la vida, siempre marcada por la ética.
Estuvo influido por el realismo, pero las vanguardias artísticas condicionaron su literatura.
Ensayista, narrador, sociólogo, académico y enamorado del cine, Ayala era un gran convencido de que la libertad individual debía ser proyectable a todos los planos de la existencia, y un hombre comprometido con su tiempo pero que rechazaba cualquier adscripción política concreta.
"El compromiso debe establecerse con uno mismo y con la realidad en que vivimos, pero no con el ideario de un partido. El intelectual al que le dictan lo que ha de pensar abdica de su condición intelectual", sostuvo siempre Ayala.
A lo largo de su carrera literaria, Francisco Ayala se erigió como uno de los escritores más importantes en lengua hispana, cosechando numerosas menciones por la calidad semántica y formal de sus escritos como demuestran el Premio de la Crítica en 1972, el Premio Nacional de Narrativa en 1983, el Premio de las Letras Españolas y andaluzas en 1988 y 1990 respectivamente.
Además, el autor también se alzó con los dos galardones más importantes del ámbito cultural español, como el caso del Premio Cervantes en 1991 por su labor como escritor y el Premio Príncipe de Asturias por la relevancia de su figura en la esfera cultural.
Fuente: El Mundo