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20.- Renato de Anjou, rey de Provenza: su relación con los conflictos de Mallorca en el siglo XV.


Muy importante fue la rebelión popular - campesina iniciada en Mallorca en 1450. Este acontecimiento político - social está relacionado, indudablemente, con otros hechos similares que le precedieron en 1391, o que le sucedieron en 1520, éste último conocido como la rebelión de las "Germanías".


Los tres conflictos tuvieron las mismas causas y un desarrollo similar: los tres tuvieron el mismo fin. Acabaron con la derrota de los alzados habida cuenta, que en aquellos tiempos lejanos, levantarse contra la clase dominante, siempre apoyada por el Poder, nunca concluyó en victoria.


Ha sido posible tener cabal conocimiento de estos sucesos gracias a la gran aportación hecha por José María Quadrado en su obra "Forenses y Ciudadanos" publicada en Mallorca, en 1895.


Para los sectores sociales más desposeídos cada vez resultaba más amargo y difícil subsistir. La ciudad estaba poblada por opulentos mercaderes y familias ricas, así como por propietarios de cuantiosos bienes rurales. La población forense (los de fuera) estaba constituida principalmente por jornaleros así como también siervos adscritos a la tierra.


Otra institución que ayudaba a consolidar las desigualdades y las injusticias sociales en esa época era la de los Jurados de la ciudad, que en vez de ayudar a los más débiles, defendían los intereses de los opulentos en todas las controversias. Para colmo de males, los diputados forenses formaban sólo un tercio del Consejo General. La Corte favorecía con toda naturalidad e indisimulo a los ciudadanos, fomentando la explotación y la miseria de la "part forana", caldo de cultivo para las discordias.
Contaba para entonces Mallorca con dos fuentes de riqueza que se destacaban nítidamente sobre otras: la mercantil y la agrícola. La manufacturación de la lana producía una superexplotación de los forenses, que pese a trabajar denodadamente, por las relaciones del intercambio comercial, se veían cada vez más explotados. Tan profundos eran los problemas de aquellas gentes como sus disgustos. Hacia 1380 la población de la "part forana" se unificó en cuadrillas contra los "administradores", y se concentró en la villa de Sineu.


Para el año 1438, el poder se encontraba en dura disputa entre dos familias rivales: los Descatlars y los Suredas.


A finales del siglo XIV el campesinado era objeto de varias formas nefastas de expoliación: por un lado debía a los judíos cuantiosas sumas por las que pagaba intereses leoninos y por la otra la administración del Gobierno le agobiaba con impuestos. Todo esto hacía sentir en el ambiente una enorme presión. El asalto a la capital estaba "a la vuelta de la esquina" por así decirlo.


Corría el caluroso Agosto de 1391, cuando gobernaba Sagarriga, se produjo el anunciado levantamiento campesino: Unos seis o siete mil hombres armados tomaron posición en las afueras de la plaza de San Antonio, en la capital. Posteriormente sitiaron el Castillo de Bellver, donde muchos ciudadanos habían buscado refugio, con intención de incendiarlo, pero, al no conseguir sus propósitos, regresaron a la ciudad llevando la revuelta a la judería, en el barrio de la Calatrava (Call), donde más de trescientos judíos fueron masacrados entre grandes destrozos. Es durante este conflicto cuando el cartógrafo Jafuda Cresques se convierte al Catolicismo, optando el nombre de Jaume Ribes, actitud seguida por otros muchos hebreos, seguramente para salvar vidas y haciendas.


Con posterioridad a estos acontecimientos los campesinos fueron cargados con más impuestos, creciendo el antagonismo entre ciudadanos y forenses. Los años transcurrían y la inquietud fermentaba, no sólo en Mallorca, sino también en otros puntos del continente. Para la mitad del siglo XV, habían corrido ya veinticinco años desde que empezara a gobernar Mallorca Berenguer de Olms, procedente del Rosellón. La administración de Olms había sido tachada por los ciudadanos e isleños en general como de "perjudicial y odiosa".


El 7 de Febrero de 1450 presentó como Procurador a su amigo Jaime Cadell, como viceasesor a Bartolomé Albertí y a Juan Armadans en el cargo de Fiscal. B. Albertí era un hombre áspero, de condición y carácter rencoroso, procedía de familia forense trasladada a la ciudad y estaba casado con Leonor Bordils cuyo enlace le hizo dueño de ricas viñas en Inca, la segunda ciudad de la isla, además de una mansión, la más suntuosa que existía fuera de los muros de Palma. Albertí irritaba con su conducta, ya que cobraba escandalosos honorarios en las causas que juzgaba, suscitando odios entre los campesinos. Sus hermanos y primos habían figurado activamente en las disputas del gobierno, obteniendo óptimos empleos (nepotismo). Juan Albertí, pariente de Bartolomé, se convirtió en el principal amigo de Descatlar, muy relacionado con la Corte Real, en la que desempeñaba entonces el cargo de Procurador Real.


Eran tiempos, a su vez, de relaciones no cordiales entre el clero y la Municipalidad de Mallorca. Un buen día de verano soleado, terminadas sus tareas de siega, los campesinos se concentraron y marcharon hacia Inca. El 25 de Julio de 1450 rodearon la parroquia unos seis mil hombres. Al pie de la iglesia se situaba una rica viña, propiedad del viceasesor Albertí. La muchedumbre enardecida la destruyó por completo. Más tarde se trasladaron a la casa de Albertí y se apoderaron de todos los alimentos y de cinco caballerías que encontraron en ella. El levantamiento popular, de cariz insurreccional, había comenzado.


El lunes 27 la capital cerró sus puertas, hacía sólo sesenta años que la población palmesana había sufrido parecidos estragos. Los ricos temblaban por sus bienes; los gobernantes, desprevenidos, no atinaban respuesta. Los amotinados se habían desplazado desde Inca a la ciudad, acampando en los huertos de la Real cortando el agua que desde Sa Front de la villa abastecía Palma.


Otro hecho muy importante vino a sumarse a la situación. El artesanado urbano hacía causa común con los campesinos payeses. Como líder del motín estaba Simon Ballester, hijo de un labrador de Manacor. A su lado se hallaban Jaime Nicolau, de Inca, Esteban Font, de Muro, Bartolomé Moner, de Campos y otros varios. Los amotinados requerían su propia justicia: desposeimiento, saqueo de los bienes de los ricos, matanza general, la muerte de los gobernantes.


En aquel hervor de pasiones, en aquella anarquía concurrida de ideas y sentimientos, algunos pensaban en transferir el trono a otro dueño. Fue entonces cuando entre ciertas facciones de los amotinados comenzó a circular el nombre de Renato de Anjou. Fue precisamente frente al portal de Santa Fe donde Andrés Soliveres soltó el prematuro grito de ¡Viva Renato de Anjou!.


El ofrecimiento formal del trono le fue hecho a Don Renato dieciséis años más tarde (1466) por los catalanes, cuando las autoridades del principado renunciaron públicamente a la fidelidad al Rey Juan II, padre de Don Fernando el Católico y de Don Carlos, Príncipe de Viana.


A Renato de Anjou le había sido arrebatado Nápoles en 1442 por el Rey de Aragón, Don Alfonso V el Magnánimo, a cuyo reino Mallorca pertenecía. Para esos tiempos Don Renato era conocido en toda Mallorca habida cuenta que algunos isleños habían combatido por él en la campaña de Italia y alababan su gran valor. El se atribuía ciertos derechos sobre la herencia de Don Jaime III, Rey de Mallorca. Don Renato era representante de la familia de Anjou, cuya rivalidad con la de Aragón era hereditaria desde muchas generaciones anteriores y había ensangrentado repetidas veces los campos y los mares de Italia; pretendiente de la Corona Aragonesa por los derechos de su madre Doña Violante, hija de Don Juan I; titulado Rey de Nápoles por sus antiguas pretensiones de dinastía, por testamento de la inconstante Doña Juana II y por la investidura que alcanzó del Papa Eugenio.


Volvamos, pero, al hilo central del relato del alzamiento popular: Mientras pasaban los días, la falta de víveres y la escasez de agua en la ciudad, empezaba a tener lugar. Los daños causados a las propiedades, alquerías y viñas era visible desde las murallas.


El Gobernador Berenguer de Olms, entretanto, logró entablar negociaciones con los sublevados mediante la intervención oficiosa del Obispo de Urgel, huésped de la ciudad por aquellas fechas.


El 10 de Agosto los forenses mandaron como emisarios a Nápoles, residencia de Don Alfonso, a Antonio Olives, de Lluchmayor y a Pedro Fábregues, de Petra, para obtener remedio de los agravios. Previo a esto la concentración de alzados se había disuelto hacía ya diez días, regresando, tras dividirse en varios grupos, a sus puntos de origen. Tras veinte días de navegación, los enviados forenses llegaron a Nápoles, en compañía de un curial de la Corte, portador de pliegos cerrados para el Gobernador.
Los responsables del motín y sus descendientes fueron sancionados con notables impuestos. Esta respuesta no esperada fue la causa de otro nuevo levantamiento.


En el mes de Abril de 1451 tuvo lugar la segunda rebelión. Los forenses sitiaron de nuevo la ciudad, se situaron en el Monasterio de la Real, cortaron el agua de la acequia Sa Font de la villa que abastecía la ciudad saqueando las viñas y los huertos de aquel entorno.


Mediante la mediación del reverendo prior de la Cartuja, Don Francisco Roig, hombre de influencia sobre los forenses, se pactó tregua. Mientras esto ocurría el lugarteniente del Gobernador mandaba a Jaime Cadell con la misión de recorrer las villas para tratar de reclutar hombres, logrando formar un pequeño ejército, juntamente con los que le acompañaban desde la ciudad.
Las fuerzas pro-gubernamentales de Cadell toparon con las de los insurgentes en la villa de Muro, trabándose combate en el cual quedó prisionero Cadell.


Este triunfo animó a Ballester a poner de nuevo sitio a la ciudad en la que la rebelión contaba con numerosos partidarios.


El miércoles cinco de Mayo de 1451 fueron cercadas por tercera vez las murallas de Palma, después de dos sitios sostenidos sin resultado y hasta sin combate. El día siete, hacia las tres de la tarde, avanzaron los sitiadores hasta la puerta llamada Pintada, cogieron sus hondas, pararon sus ballestas y lanzaron dentro de la ciudad una lluvia de piedras y dardos. En lo alto de una de las torres apareció el Gobernador Berenguer de Olms mandando a los suyos contestar a las hostilidades con disparos de bombarda. Muchos eran los amotinados forenses, pero faltos de recursos para consolidar la situación y tentar al asalto, optaron por retirarse.


El entonces Gobernador veía menguado su prestigio y poder, la traición acechando en cada casa, poca tropa leal, los caballeros e hidalgos presos del enervamiento, el pueblo en general agraviado y descontento. El sabía que afuera el enemigo rondaba las frágiles tapias. Mandó entonces, falto de brío y consejo, llamar a toda prisa al Procurador Real Juan Albertí, "¿No lo sabéis? Exclamó al verle entrar por la sala baja del palacio, y con trémula voz le refirió todo el suceso. -Ea pues, señor, le dijo el procurador real, montad á caballo, que todos os seguiremos para prender á ese puñado de traidores-. No es un puñado, no, mosén Albertí, replicó aquél; los artesanos en masa están sublevados salir del castillo es correr á la muerte!.


Entre los forenses continuaban haciéndose algunas declaraciones vacilantes; "ya es un portero á quien comunicó un hombre de Inca que entre sus paisanos se rumiaba algo de Renato: ya un pelaire catalán comprometido, que atestigua haber oído á los de "Felanig" que la isla acaso vendría á parar en poder del de Anjou como que de derecho le pertenecía".


Hacia el 23 de Mayo de 1451 desembarcaron en el puerto de la capital dos personajes, a quienes la Reina María, hermana de Don Juan II de Castilla, lugarteniente de su real consorte en los dominios de Aragón y los diputados de las Cortes de Cataluña, habían delegado la comisión de poner fin a los males y disenciones, cuyo estruendo atravesaba los mares, e intentar una conciliación, para la cual, ni individuo ni clase alguna poseía ya dentro de la isla autoridad o confianza. Uno de los mediadores era el ilustre Juan Ramón Folch de Cardona, Conde de Prades, poderoso magnate del principado; el otro, un simple ciudadano de Barcelona, llamado Juan Marimón.
Inició sus gestiones visitando el Gobernador; después al campamento de los forenses, siendo bien acogido llegándole a comentar:"ya no tenemos más señor que el de Prades".


Como resultado de estas gestiones el Gobernador Berenguer de Olms fue destituido y reemplazado por Arnau de Vilademany, en calidad de regente de la gobernación.
La paz no duró mucho tiempo. Cada día que pasaba el mal se iba haciendo más crónico, se paralizaban los negocios, la inquietud rondaba a mucha gente, la miseria crecía por instantes.


Vino un enviado personal de Don Alfonso V. Procedente de Nápoles llegó el cirujano mallorquín Gerardo Ferrer, forense, cuya habilidad le condujo a tal distinción. Inútiles fueron los esfuerzos llevados a cabo por el cirujano. En vista de esto, el Rey decidió enviar un verdadero ejército de tropas mercenarias al mando del Virrey de Cerdeña, Francisco de Erill que desembarcó en Palma de Mallorca a finales de Julio de 1452.


El Gobierno tuvo entonces una conducción bicéfala: Francisco de Erill y Arnaldo Vilademany.


Las tropas de Erill se dirigieron a Inca, Donde se encontraban fortificadas las tropas de los sublevados. Tras su llegada las fuerzas pro-gubernamentales se retiraron hasta Sencelles, siendo perseguidas por los sublevados. Entablose allí una tremenda batalla en la que los forenses fueron derrotados. Con posterioridad a este hecho embarcó hacia el exilio Simón Ballester, acompañado de trescientos seguidores, muchos de los cuales tuvieron que acogerse al destierro perpetuo de la isla, a la vez que fueron despojados de sus bienes.


Otra gran cantidad de sublevados fueron ejecutados, entre ellos el cabecilla Mascaró.


El veinte de mayo de 1454 firmó el Rey en Castelnuovo de Nápoles una serie de decretos, acordes, casi todos, con las peticiones de los mensajeros ciudadanos. Para los autores principales del alboroto, y para los cómplices de Mascaró, cerróse para siempre el camino de la patria, sino querían encontrar en ella la misma muerte.
Se acumuló a las comunidades de las villas la carga de grandes impuestos no hechos efectivos en los tres años del conflicto, además de indemnizaciones de daños a los vecinos de la ciudad y una multa colectiva de 150.000 libras.


Para el mes de Agosto de 1456 reaparece en la isla Simón Ballester, quien al ser perseguido pasó a Menorca. Entonces, el Gobernador de Mallorca, Francisco de Erill, pidió sin resultado al de Menorca, Jofré de Ortafá, la extradición de Simón. Más tarde una orden expresa del Rey Alfonso V el Magnánimo la hizo efectiva.


Traído a Mallorca, el 25 de Diciembre fue condenado a la horca, sentencia que se cumplió en las fiestas de Reyes de 1457.


En aquella época feudal hubo intentos serios para arbitrar medios de control de las autoridades y magistrados, habida cuenta de los excesos e injusticias que cometían y que creaban situaciones generalizadas de antipatía popular. En el consejo de Inca, a mediados de 1452, fue acordada una medida de grave trascendencia: "Reconociendo los actuales trastornos como efecto de los desórdenes y excesos de las autoridades y empleados del reino y en especial de los vegueres forenses cuyas injusticias y latrocinios habían asolado la isla, invitábase por un nuevo bando á todo vecino á denunciar en poder de su respectivo baile los agravios recibidos dentro de un período de veinte años, para justificar ante el rey el origen del levantamiento. Abríase al propio tiempo un registro de los censos prestados en cada villa á los ciudadanos, con objeto de manifestar las exorbitantes cargas de aquéllas".


¿Fue éste un intento serio de aplicar estricta Justicia? ¿O sólo se trataba de una medida demagógica temporal para calmar las iras populares? ¿Se trata acaso del inicio de los juicios de residencia que tanto proliferaron luego en las Indias? Lo cierto es que con el abuso de este derecho de acusación ilimitada, se abrió la espita a toda calumnia y se lesionó seriamente el principio de autoridad.


Agraviados los hubo por todos los pueblos de la isla, pero de todas las denuncias, solamente se conocen los expedientes instruidos en Felanitx: "A saber, Gabriel Prohens y Antonio Truyol de la Alquería del Rey de Manacor, de haber dado asilo á hombres perseguidos por la justicia; Salvador Llaneras de haber robado un carnero; Jaime Vidal de haber maltratado á su hermana. Antonio Casellas declaraba que, siendo baile en 1447, el veguer Domingo Miró en vez de ayudarle á prendrer un bandido protegió su fuga, y á él le cargó de cadenas; Antonio Llobet, que por un yerro involuntario le destruyeron vendiéndole 40 cerdos; Miguel Ferrer que se vió á pique de ser ahorcado por inculpación de haber muerto á un escudero del veguer, á pesar de hallarse sin armas; JUAN COLOM, que exigiéndosele la responsabilidad por sus hijos prófugos, hubo casi de disipar su hacienda en donativos al veguer, escribano y baile: Jaime Ballester y Jaime Artigas, que acusados sin motivos de haber enramado burlescamente las puertas de un vecino, fueron sacados á la vergüenza encadenados sobre sendos burros, con cuernos pendientes del cuello, y así traídos á Manacor donde sufrieron durísimas vejaciones" .


Los vecinos de Felanitx prestaban a los ciudadanos 211 libras en dinero y 684 cuarteras de trigo. Se le llama cuartera a una medida utilizada antiguamente en Mallorca para medir el volumen de los cereales. De entre todos estos agravios hay uno que merece una especial atención; Juan Colom, al que se le exige la responsabilidad por sus hijos prófugos y que tuvo casi que disipar su hacienda en donativos al verguer escribano y baile.


¿Quién era este Juan Colom? Veamos de quien se trata. Juan Colom era el padre de unos prófugos y de una dama llamada Margarita. ¿A dónde se fueron estos prófugos y por qué se marcharon? Estos prófugos se marcharon a Provenza, reino de Renato de Anjou, al cual pretendían los sublevados forenses entregar el reino de Mallorca. Cuando se vieron imposibilitados de lograr su objetivo, optaron por el exilio antes de aceptar el rígido castigo que se les aplicaría por ser insurrectos frustrados.
Estos prófugos no volverían nunca más a Mallorca, ya que de haberlo hecho se hubieran encontrado con la muerte en patíbulo.


¿Quién era Margarita? Se trataba de la misma dama con la cual Don Carlos, Príncipe de Viana, mientras estuvo confinado en Mallorca, mantuviera relaciones amorosas en los finales de 1459. Como fruto natural de estas relaciones nacería un noble varón, al que darían el nombre de Cristóbal Colón, que con el tiempo sería el Descubridor de América.


Como afirman varios historiadores Cristóbal Colón estuvo navegando varios años con el Almirante-corsario francés Guillaume de Casenove Coullon, que estaba al servicio del Rey Renato, y que era conocido en Italia por Colombo y en España por Colón.


Así son las cosas, ya que este Almirante-corsario supuestamente francés, era nada más y nada menos, que hermano de la madre de Cristóbal Colón, por lo tanto tío suyo, a la vez que prófugo también de Mallorca.


Referente al abuelo materno de Cristóbal Colón, en la "Historia de Felanitx" de Cosme Bauzá y Adrover figura registrada una finca de su propiedad. El texto es como sigue: "Can Ros. El antiguo y extenso predio dicho El Rafal Son Nadal, limitado por una parte con el Rafal de Antonio y Bernardo Vaquer, o restos del predio Son Sabet(¿), con el Rafal de Nicolás Nadal, con los rahales de Juan Colom y Jaime Juliá, y por fin con el camino real que desde Felanitx conduce a Manacor, de tiempos remotos, si valen las conjeturas, trae a la memoria la noble familia Socorrat, y de época ya bien conocida consta que Antonio Nadal a 8 de septiembre de 1431, en contemplación de matrimonio, en poder de Juan Crespí, hizo donación de la mitad de todos sus bienes a su hijo Pedro. Fallecido empero aquél, ab intestato, los restantes bienes por igual parte fueron repartidos entre Pablo y Pedro, hermanos, a 6 de abril de 1475 ante el notario Antonio Font" .


A Miguel Ballester, gran amigo del Almirante en la Española, y persona de su gran confianza, varios historiadores, como es el caso de Las Casas, Oviedo y Herrera, lo han considerado catalán, pero sin embargo otros, como Carreras Valls, Llanas de Niubó y Suau Alabern lo estiman originario de Mallorca, e hijo o pariente del Jefe de los "Forenses" Simón Ballester; huido de Mallorca hacia Provenza en compañía de los hermanos Colom de Felanitx.


Un documento recientemente consultado en el Archivo de Simancas y en el que se cita a un Michelote (Miguel), sobrino del corsario Colón, nos obliga a suponer que probablemente esta persona fuera el mismo Miguel Ballester, futuro Alcalde del fuerte de la Concepción, en la región de la Vega, en La Española, que estaba emparentado con la familia Colom, y que era a la vez sobrino de los tíos del Descubridor, bien sea por estar casado uno de ellos con una hermana de Simón Ballester, o con una cuñada de éste.


En dicho documento, fechado en Burgos, a 29 de Mayo de 1489, se describe: "Carta misiva al Rey de Francia para que haga justicia contra un Michelote, sobrino del corsario Colón, y devuelva a Pedro de Alday, vecino de Lequeitio, las mercancías y bienes que perdiera en el puerto de Barflena, al serle echada a pique, por aquél, su nave. -Condestable y consejo". Archivo General de Simancas, Registro General del Sello, folio 85.
El hecho de que Las Casas mencione a Diego Colón, hermano del Almirante, y no a Miguel Ballester entre los expedicionarios que pasaron a las Indias en el segundo viaje, incita a pensar que lo hizo porque no se embarcó en éste, sino que, en compañía de Bartolomé Colón, tras haber recibido ambos la noticia del descubrimiento en la Corte de Francia, se encaminaron a Castilla, desde donde emprendieron su viaje hacia el Nuevo Mundo con una armada de tres carabelas, mandadas por el propio Bartolomé. Su llegada a Isabela tuvo lugar el 24 de Junio de 1494.
Miguel Ballester siempre se mantuvo fiel a los Colón, y durante el tiempo que ejerció el cargo de Alcalde de la fortaleza de la Concepción, en varias ocasiones intervino como mediador entre sus coterráneos y Roldán. Washington Irving dice que "Ballester era uno de esos ancianos que, encanecidos en la guerra, infunden religiosa veneración; su aspecto y su conducta revelaban su buena índole de soldado, y reunía cierta severidad hija mas bien de su serio semblante que de insensible corazón. Su elección para apaciguador de gente audaz y libertina, fue acertada, pues podía con su probidad apaciguar las pasiones, y vencer con sus años el descaro de los petulantes, ganando á fuerza de sencilla probidad la confianza de aquella turba, y con pura virtud refrenando sus licencias"
.


A continuación voy a dar diversos nombre y apellidos que aparecen en "Forenses y Ciudadanos", los cuales sirven para justificar la vinculación del apellido COLOM y del nombre XPOFOL (Cristóbal) con Mallorca a mediados del siglo XV.


Antonio Colom, que al acercarse los sitiadores al portal de Santa Fe, alojóse una división en su predio y le destruyeron los moscateles de sus viñas.(Pág. 228)
Francisco Colom y Jaime Diego, que lamentaban los ruinosos daños de sus huertos siendo de humilde fortuna. (Pág. 230)
Jaime Colom de Sóller, miembro de la comisión negociadora, dependiente del consejo forense. (Pág. 241) Cristóbal Sart y Cristóbal Serra, como propietarios de diferentes fincas agrícolas. (Pág. 316)
En una entrevista representada por el Padre Catany con el Gobernador, a favor de los forenses, con fecha 13 de Marzo de 1451, aparecen los nombres de Xpofol Alcover y Blay Colom, el primero era de la villa de Sóller y el segundo de la villa de Selva. (Pág. 335)
En una instancia fiscal, aparecen los nombres, Xpofol Cugullada y Xpofol Mastord. (Pág. 348)


Como se podrá observar, a mediados el siglo XV en Mallorca, tanto el nombre de Cristóbal, como el apellido Colom eran bastante frecuentes. Prueba de que este nombre y apellido estaban vinclulados a Mallorca mucho antes de que el futuro Almirante de las Indias naciera.


La palabra Xpofol, era una forma de escribir Cristóbal, que era generalmente utilizada en el siglo XV en los países catalanes.


Esta palabra tenía su origen del latín y anteriormente del griego. Si comparamos la palabra Xpofol con el encabezamiento de la firma de Cristóbal Colón, XPO FERENS, veremos que las tres primeras letras son las mismas que las de la palabra Xpofol, coincidencia probatoria de que el inmortal navegante escribía su nombre Cristóbal de la misma forma que se hacía en Mallorca en el siglo XV.


Varias de las cosas tratadas en este artículo han resultado fundamentales para poder esclarecer algunos enigmas que hasta la fecha habían resultado tales. Aquí ha quedado demostrado que Juan Colom era el abuelo de Cristóbal Colón y el padre de unos prófugos, que estuvieron al servicio de Don Renato de Anjou, Rey de Provenza.


Estos hijos de Juan Colom y tíos del Descubridor del Nuevo Mundo, eran dos: Uno se llamaba Cristóbal Colom como su sobrino, y el otro el que se conocía con el nombre de Guillaume de Casenove Coullon.

Gabriel Verd Martorell
Secretario General de la Asociación Cultural Cristóbal Colón.


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